Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.
Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado",
a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.
Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.
Sal a la calle y búscalas".
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.
Al volver, el hombre sabio le dijo:
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".
"Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón".
lunes, 28 de febrero de 2011
sábado, 26 de febrero de 2011
DIOS SIEMPRE LLEGA EN EL MOMENTO JUSTO
Todos los Domingos por la tarde, después del servicio mañanero
en la iglesia, el Pastor y su hijo de 11 años iban al pueblo a repartir volantes
a cada persona que veían.
Este Domingo en particular, cuando llegó la hora de ir al pueblo
a repartir los volantes, el tiempo estaba muy frío y comenzó a lloviznar.
El niño se puso su ropa para el frío y le dijo a su padre :
“OK, papá, estoy listo”.
Su papá, el Pastor, le dijo : 'Listo para qué?'
'Papá, es hora de ir afuera y repartir nuestros volantes.‘
El papá respondió: 'Hijo, esta muy frío afuera y está lloviznando.‘
El niño miró sorprendido a su padre y le dijo:
'Pero Papá, la gente necesita saber de Dios aún en los días lluviosos.'
El Papá contestó: Hijo yo no voy a ir afuera con este tiempo.'
Con desespero, el niño dijo: 'Papá, puedo ir yo solo? Por favor?
Su padre titubeó por un momento y luego dijo:
'Hijo, tú puedes ir. Aquí tienes los volantes, ten cuidado.‘
'Gracias papá!'
Y con esto, el hijo se fue debajo de la lluvia. El niño de 11 años caminó todas las calles
del pueblo, repartiendo los volantes a las personas que veía.
Después de 2 horas caminando bajo la lluvia, con frío y su último volante,
se detuvo en una esquina y miró a ver si veía a alguien a quien darle el volante,
pero las calles estaban totalmente desiertas.
Entonces él se viró hacia la primera casa que vio, caminó hasta la puerta del frente,
tocó el timbre varias veces y esperó, pero nadie salió.
Finalmente el niño se volteó para irse, pero algo lo detuvo. El niño se volteó
nuevamente hacia la puerta y comenzó a tocar el timbre y a golpear la puerta
fuertemente con los nudillos.
Él seguía esperando, algo lo aguantaba ahí frente a la puerta.
Tocó nuevamente el timbre y esta vez la puerta se abrió suavemente.
Salió una señora con una mirada muy triste y suavemente le preguntó:
'Qué puedo hacer por ti, hijo.'
Con unos ojos radiantes
y una sonrisa que le cortaba las palabras,
el niño dijo : 'Señora, lo siento si la molesté,
pero sólo quiero decirle que...*DIOS REALMENTE LA AMA*
y vine para darle mi último volante, que habla sobre DIOS y SU GRAN AMOR.
El niño le dio el volante y se fue. Ella solo dijo:
'GRACIAS, HIJO, y que DIOS te bendiga.
Bien, el siguiente domingo por la mañana el pastor estaba en el púlpito
y cuando comenzó el servicio preguntó: 'Alguien tiene un testimonio
ó algo que quiera compartir?.
Suavemente, en la fila de atrás de la iglesia, una señora mayor
se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante
y gloriosa brotaba de sus ojos:
'Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí, incluso todavía el domingo pasado
no era Cristiana.
Mi esposo murió hace un tiempo atrás dejándome totalmente sola en este mundo.
El domingo pasado fue un día
particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón;
ese día llegué al final del camino, ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir.
Entonces tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa.
Amarré y aseguré bien un extremo de la soga a las vigas del techo;
entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello.
Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado,
estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el sonido
fuerte del timbre de la puerta.
Entonces pensé:
'Esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá'.
Yo esperé y esperé, pero el timbre de la puerta
cada vez era más insistente, y luego la persona comenzó a golpear
la puerta con fuerza. Entonces me pregunté:
QUIEN PODRÁ SER?
Jamás nadie toca mi puerta ni vienen a verme
Solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta,
mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia.
Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos,
frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño
que jamás había visto.
Su sonrisa nunca podré describirla!
Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón,
muerto hace tanto tiempo, volviera a la vida,
cuando dijo con voz de querubín:
'SEÑORA , sólo quiero decirle que DIOS realmente la ama.'
'Cuando el pequeño ángel desapareció entre
el frío y la lluvia , cerré mi puerta y leí cada palabra del volante.
Entonces fui al ático para quitar la silla y la soga.
Ya no las necesitaría más.
Como ven . . .
ahora soy una hija feliz del REY.
Como la dirección de la iglesia estaba en la parte de atrás del volante,
yo vine personalmente decirle GRACIAS
a ese pequeño ÁNGEL DE DIOS que llegó justo a tiempo y,
de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad en el infierno.'
Todos lloraban en la iglesia.
El Pastor bajó del pulpito hasta la primera banca del
frente, donde estaba sentado el pequeño ángel;
tomó a su hijo en sus brazos y lloró incontrolablemente.
Probablemente la iglesia no volvió a tener
un momento más glorioso..
Recuerda, el mensaje de DIOS puede hacer una gran diferencia
en la vida de alguien cerca de ti.
Anónimo
en la iglesia, el Pastor y su hijo de 11 años iban al pueblo a repartir volantes
a cada persona que veían.
Este Domingo en particular, cuando llegó la hora de ir al pueblo
a repartir los volantes, el tiempo estaba muy frío y comenzó a lloviznar.
El niño se puso su ropa para el frío y le dijo a su padre :
“OK, papá, estoy listo”.
Su papá, el Pastor, le dijo : 'Listo para qué?'
'Papá, es hora de ir afuera y repartir nuestros volantes.‘
El papá respondió: 'Hijo, esta muy frío afuera y está lloviznando.‘
El niño miró sorprendido a su padre y le dijo:
'Pero Papá, la gente necesita saber de Dios aún en los días lluviosos.'
El Papá contestó: Hijo yo no voy a ir afuera con este tiempo.'
Con desespero, el niño dijo: 'Papá, puedo ir yo solo? Por favor?
Su padre titubeó por un momento y luego dijo:
'Hijo, tú puedes ir. Aquí tienes los volantes, ten cuidado.‘
'Gracias papá!'
Y con esto, el hijo se fue debajo de la lluvia. El niño de 11 años caminó todas las calles
del pueblo, repartiendo los volantes a las personas que veía.
Después de 2 horas caminando bajo la lluvia, con frío y su último volante,
se detuvo en una esquina y miró a ver si veía a alguien a quien darle el volante,
pero las calles estaban totalmente desiertas.
Entonces él se viró hacia la primera casa que vio, caminó hasta la puerta del frente,
tocó el timbre varias veces y esperó, pero nadie salió.
Finalmente el niño se volteó para irse, pero algo lo detuvo. El niño se volteó
nuevamente hacia la puerta y comenzó a tocar el timbre y a golpear la puerta
fuertemente con los nudillos.
Él seguía esperando, algo lo aguantaba ahí frente a la puerta.
Tocó nuevamente el timbre y esta vez la puerta se abrió suavemente.
Salió una señora con una mirada muy triste y suavemente le preguntó:
'Qué puedo hacer por ti, hijo.'
Con unos ojos radiantes
y una sonrisa que le cortaba las palabras,
el niño dijo : 'Señora, lo siento si la molesté,
pero sólo quiero decirle que...*DIOS REALMENTE LA AMA*
y vine para darle mi último volante, que habla sobre DIOS y SU GRAN AMOR.
El niño le dio el volante y se fue. Ella solo dijo:
'GRACIAS, HIJO, y que DIOS te bendiga.
Bien, el siguiente domingo por la mañana el pastor estaba en el púlpito
y cuando comenzó el servicio preguntó: 'Alguien tiene un testimonio
ó algo que quiera compartir?.
Suavemente, en la fila de atrás de la iglesia, una señora mayor
se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante
y gloriosa brotaba de sus ojos:
'Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí, incluso todavía el domingo pasado
no era Cristiana.
Mi esposo murió hace un tiempo atrás dejándome totalmente sola en este mundo.
El domingo pasado fue un día
particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón;
ese día llegué al final del camino, ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir.
Entonces tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa.
Amarré y aseguré bien un extremo de la soga a las vigas del techo;
entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello.
Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado,
estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el sonido
fuerte del timbre de la puerta.
Entonces pensé:
'Esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá'.
Yo esperé y esperé, pero el timbre de la puerta
cada vez era más insistente, y luego la persona comenzó a golpear
la puerta con fuerza. Entonces me pregunté:
QUIEN PODRÁ SER?
Jamás nadie toca mi puerta ni vienen a verme
Solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta,
mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia.
Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos,
frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño
que jamás había visto.
Su sonrisa nunca podré describirla!
Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón,
muerto hace tanto tiempo, volviera a la vida,
cuando dijo con voz de querubín:
'SEÑORA , sólo quiero decirle que DIOS realmente la ama.'
'Cuando el pequeño ángel desapareció entre
el frío y la lluvia , cerré mi puerta y leí cada palabra del volante.
Entonces fui al ático para quitar la silla y la soga.
Ya no las necesitaría más.
Como ven . . .
ahora soy una hija feliz del REY.
Como la dirección de la iglesia estaba en la parte de atrás del volante,
yo vine personalmente decirle GRACIAS
a ese pequeño ÁNGEL DE DIOS que llegó justo a tiempo y,
de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad en el infierno.'
Todos lloraban en la iglesia.
El Pastor bajó del pulpito hasta la primera banca del
frente, donde estaba sentado el pequeño ángel;
tomó a su hijo en sus brazos y lloró incontrolablemente.
Probablemente la iglesia no volvió a tener
un momento más glorioso..
Recuerda, el mensaje de DIOS puede hacer una gran diferencia
en la vida de alguien cerca de ti.
Anónimo
LA SABIDURÍA DE LOS NIÑOS
Nunca sabes lo que un niño va a decir, es sorprendente:
Al autor y orador Leo Buscaglia, se le solicitó que fuera parte del jurado de un concurso. El propósito del concurso, era encontrar al niño más cariñoso. El ganador fue un niño de 4 años cuyo vecino era un anciano a quien recientemente se le había muerto la esposa. El niño, al ver al ver al hombre sentado en una banca del patio y llorando, se metió al patio del anciano, se subió a su regazo y se sentó. Cuando su mamá le preguntó que le había dicho al vecino, el pequeño niño le contestó: "Nada, sólo le ayudé a llorar”…
La maestra de primer grado, estaba discutiendo con su grupo la pintura de una familia. En la pintura había un niño que tenía el cabello de diferente color al resto de los miembros de la familia. Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado y una niña compañera de él le dijo: "Yo sé todo acerca de las adopciones, porque yo soy adoptada". "¿Qué significa ser adoptada?" preguntó el niño y la niña le contestó: Significa que uno no crece en el vientre de su mamá sino que crece en su corazón".
Una niña de 4 años estaba con su pediatra; mientras el doctor le revisaba los oídos con el otoscopio, le pregunta: "¿Crees que adentro me encontraré al Pájaro Abelardo?". La
niña permaneció en silencio. Enseguida el doctor tomó el abatelenguas y mientras revisaba su garganta le preguntó: "¿Crees que ahí dentro me encontraré al monstruo galletero?" y de nuevo la niña no contestó nada. El doctor puso el estetoscopio en el pecho de la niña y mientras escuchaba su corazón le preguntó: "¿Crees que escucharé a Barney ahí adentro?" "Oh, no" contestó la niña, "Barney está pintado en mis zapatos, en mi corazón está Dios".
En Nueva York un niño de 10 años estaba parado, descalzo, frente a una tienda de zapatos apuntando a través de la ventana y temblando de frío. Una señora se acercó al niño y le dijo: "Mi pequeño amigo ¿qué estás mirando con tanto interés en esa ventana?". La respuesta del niño fue: "Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos". La señora lo tomó de
la mano y lo llevó adentro de la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de calcetines para el niño. Preguntó si podría prestarle una palangana con agua y una toalla. El empleado rápidamente le trajo lo que pidió. La señora se llevó al niño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies al niño y se los secó con la toalla. Para entonces el empleado llegó con los calcetines, la señora le puso un par de ellos al niño y le compró un par de zapatos. Juntó el resto de los calcetines y se los dió al niño. Ella acarició al niño en la cabeza y le dijo: "¡No hay duda pequeño amigo que te sientes más cómodo ahora!" Mientras ella daba la vuelta para marcharse, el niño la alcanzó, la tomó de la mano y mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó: "¿Es usted la esposa de Dios?
Al autor y orador Leo Buscaglia, se le solicitó que fuera parte del jurado de un concurso. El propósito del concurso, era encontrar al niño más cariñoso. El ganador fue un niño de 4 años cuyo vecino era un anciano a quien recientemente se le había muerto la esposa. El niño, al ver al ver al hombre sentado en una banca del patio y llorando, se metió al patio del anciano, se subió a su regazo y se sentó. Cuando su mamá le preguntó que le había dicho al vecino, el pequeño niño le contestó: "Nada, sólo le ayudé a llorar”…
La maestra de primer grado, estaba discutiendo con su grupo la pintura de una familia. En la pintura había un niño que tenía el cabello de diferente color al resto de los miembros de la familia. Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado y una niña compañera de él le dijo: "Yo sé todo acerca de las adopciones, porque yo soy adoptada". "¿Qué significa ser adoptada?" preguntó el niño y la niña le contestó: Significa que uno no crece en el vientre de su mamá sino que crece en su corazón".
Una niña de 4 años estaba con su pediatra; mientras el doctor le revisaba los oídos con el otoscopio, le pregunta: "¿Crees que adentro me encontraré al Pájaro Abelardo?". La
niña permaneció en silencio. Enseguida el doctor tomó el abatelenguas y mientras revisaba su garganta le preguntó: "¿Crees que ahí dentro me encontraré al monstruo galletero?" y de nuevo la niña no contestó nada. El doctor puso el estetoscopio en el pecho de la niña y mientras escuchaba su corazón le preguntó: "¿Crees que escucharé a Barney ahí adentro?" "Oh, no" contestó la niña, "Barney está pintado en mis zapatos, en mi corazón está Dios".
En Nueva York un niño de 10 años estaba parado, descalzo, frente a una tienda de zapatos apuntando a través de la ventana y temblando de frío. Una señora se acercó al niño y le dijo: "Mi pequeño amigo ¿qué estás mirando con tanto interés en esa ventana?". La respuesta del niño fue: "Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos". La señora lo tomó de
la mano y lo llevó adentro de la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de calcetines para el niño. Preguntó si podría prestarle una palangana con agua y una toalla. El empleado rápidamente le trajo lo que pidió. La señora se llevó al niño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies al niño y se los secó con la toalla. Para entonces el empleado llegó con los calcetines, la señora le puso un par de ellos al niño y le compró un par de zapatos. Juntó el resto de los calcetines y se los dió al niño. Ella acarició al niño en la cabeza y le dijo: "¡No hay duda pequeño amigo que te sientes más cómodo ahora!" Mientras ella daba la vuelta para marcharse, el niño la alcanzó, la tomó de la mano y mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó: "¿Es usted la esposa de Dios?
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